¿Alguna vez te ha preguntado alguien “¿Quién eres?”?
¿En una entrevista, en una terapia, en una primera cita, en una dinámica de grupo, en tu perfil de LinkedIn…?
En mi profesión es una pregunta muy habitual y estoy acostumbrada a ver respuestas de distintos tipos. ¡Miento! Más bien, estoy acostumbrada a “buscar” respuestas de distintos tipos, porque…
¡Hagamos la prueba!
Si ahora mismo alguien te lo pregunta, así, sin más, sin darte tiempo para pensar… ¿Qué contestas? No sigas leyendo, piénsalo.
.
.
.
.
¿Te has fijado alguna vez en qué usas para definirte?
Apostaría a que has empezado por tu profesión o formación. Pero no solo eres lo que haces o lo que sabes hacer.
Vayamos más allá…
¿Qué compone tu identidad?
¿Eres lo que tú crees que eres? ¿Lo que los demás dicen de ti? ¿Eres siempre la misma persona, en todos los sitios, con todo el mundo? ¿Hay algo de base que no cambia nunca?
Y luego está esa frase que todos hemos oído alguna vez: «eso no te pega». ¿A qué responde exactamente? ¿A la imagen que has dado de ti hasta ese momento? ¿A la imagen que esa persona se ha hecho de ti en su cabeza? ¿Cómo te gustaría que te definieran? ¿Cómo crees que lo hacen?
Ale, Alejandra, Aluchi, Pitu, Alejandrita, Jandri, Carre, Carretis, Aleja, Alita, Aluchiana, Pitufa, Alegría…
¿Alguna vez te has parado a pensar cuántos «tú» hay en ti, solo mirando los nombres que te ha puesto la gente? ¿De dónde salió cada uno? ¿Te identificas con ellos, o son más bien de quien te los puso?
Yo creo que nos construimos, en parte, en la relación con los demás. Por eso, soy un poquito de todas las personas que han pasado por mi vida. Cada una me ve desde lo que es, desde lo que necesita ver en mí. Son miradas sesgadas, claro. Nadie nos conoce del todo. Ni siquiera nosotros mismos.
A veces sientes que alguien te conoce mejor que tú a ti mismo. Otras veces piensas que no se han enterado de nada. Lo que unos ven en ti, otros no lo reconocen en absoluto. A veces alguien te dice que le haces de espejo. Y otras te gustaría verte con los ojos con los que te ven determinadas personas. Y todo eso puede ser verdad al mismo tiempo. Así que… ¿Quién eres de verdad? ¿Cómo puedes descubrirlo?
Hace poco escuché a la actriz Natalia Sánchez, en una entrevista, plantear una pregunta que no se me ha ido de la cabeza desde entonces: si mañana perdieras la memoria y sólo pudieras elegir a una persona… ¿A quién le pedirías que te contara quién eres?
No es una pregunta retórica, o no solo. Es casi un examen. Porque la respuesta no es «quien más tiempo lleva conmigo», ni «quien más me quiere». Es, más bien, quien me ve de verdad. Y esas dos cosas no siempre coinciden.
Y ahí viene otra reflexión: la persona que más te conoce, ¿Cuánto te conoce en realidad? ¿Lo que le has dejado ver? ¿Lo que ha decidido creerse de ti? ¿Qué parte de ti se va a perder sí o sí en función de quién responda? ¿Intentas encajar en todas esas versiones que los demás tienen de ti? ¿O eres lo que eres, y dejas que cada uno piense y vea lo que quiera, aunque no te reconozcas en su juicio? ¿Hay alguna versión de ti que te guste más que otras?
Yo no tengo la respuesta. Pero sé que, si tuviera que elegir a alguien para que me devolviera quién soy hoy, probablemente no serían las personas más obvias.
¡Ay, la identidad! Qué tema más interesante y complejo a la vez…
La RAE lo resume frío: identidad es, más o menos, el conjunto de rasgos que hacen que alguien sea reconocible y distinto a los demás. Correcto, y también un poco vacío, como toda definición de diccionario cuando se aplica a algo que se siente por dentro.
Desde la psicología se habla más bien de continuidad: la sensación de seguir siendo la misma persona a lo largo del tiempo y en distintos contextos, aunque cambien las circunstancias, y de que esa sensación se construye, en buena parte, en relación con los demás.
Las dos tienen razón. Y las dos se quedan cortas. ¿No te parece?
¿Tú sabrías responder a la pregunta de quién eres? ¿Sí? ¿Y quién eres? Dilo… (para ti, no hace falta que lo compartas). No te quedes solo en el sí o no.
¿Y si le das la vuelta? ¿Cuánto sabes tú de esas personas a quiénes crees conocer mejor? ¿Te interesa saber más? ¿Te quedas en la superficie? ¿Observas? ¿Preguntas? ¿O te quedas con tu opinión sesgada y la das por válida? ¿Te gustaría ser esa persona a quién eligieran para devolverles su esencia?
Yo escribo, entre otras cosas, para intentar responderme y para que tú, que me lees, puedas conocerme un poquito más.
