GUINEA. Capítulo 10 “El principio del cambio…”

Creí que lo vivido aquella última semana podía describirlo como aprendizaje. Creí que esa era la lección que me aportaba la experiencia vivida con los primeros voluntarios, mi primera experiencia como “coordinadora”. Pero también creí que sería algo que pasaría a formar parte de mis recuerdos y de mi pasado, del cúmulo de anécdotas que tengo la suerte de poder contar. Y sin embargo, me equivoqué.

La transformación ya había empezado… Mi mundo, mi vida y todo lo que soy hoy ya había empezado a cambiar. Y no había marcha atrás.

Muchas veces veo las caras de gente a la que intento contárselo y me doy cuenta de que no lo entienden, piensan que soy una exagerada, se quedan con los detalles superficiales o fingen que les interesa pero en dos minutos están cambiando de tema. Otras veces noto que alguien “lo intenta”. Me escucha, pregunta, lee lo que escribo, se queda con los nombres y con los detalles más importantes… pero lo que me pasaba POR DENTRO siguen sin entenderlo. Y he aprendido a aceptarlo. Porque incluso yo, aún hoy, 4 años después, me sorprendo descubriendo cosas nuevas que se removieron y empezaron a convertirme en otra Ale. No tan distinta, pero sí mucho más llena, más abierta, más receptiva… HIPERSENSIBLE (a todo y a todos)!. Aún hoy soy INCAPAZ de abarcar tantos sentimientos.

Guinea 1 había tenido sus muchas consecuencias. Buenas y no tan buenas (incluso diría que tirando a malas). Y teníamos que hacer frente a ellas… Al menos yo lo sentía así.

Primero teníamos muchas explicaciones que dar y un problema casi inmediato que resolver. Volvíamos a España con una deuda económica importante  que no teníamos la menor idea de cómo afrontar. Así que una vez más, hicimos equipo!! Nos apoyamos los unos en los otros y cada uno puso de su parte lo que pudo… Pasamos el  verano entre llamadas, mensajes con el Padre Willy, desahogos y descubrimientos, momentos de agobio, compra de coches, sacrificios, envío de contenedores, venta de jamón, préstamos y una fiesta por organizar.

A pesar del calor que se esperaba, nos plantamos en pleno agosto en Sevilla, reuniéndonos un grupo bastante grande que no había aguantado ni un mes entero sin volver a verse. Y empezamos a aprovechar cada ocasión y excusa que teníamos para reunirnos.

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Pero tarde o temprano había que volver a la realidad. Había que volver a la rutina, al día a día… y volver a empezar de cero con la preparación del siguiente voluntariado. Aunque decir “de cero” ya no tenía sentido, porque habíamos creado una base de errores y aciertos que ahora teníamos que tener en cuenta. Habíamos descubierto nuevas y profundas amistades entre “nuestros voluntarios”. Personas que estaban ahí pasara lo que pasase, que nos habían devuelto la motivación en algún sentido, que nos hacían sentir orgullosos en otros… Había cosas que no podían volver a repetirse, pero también había ideas nuevas y vínculos que nos hacían más fuertes y nos daban seguridad en cada paso que dábamos.

Sabía a dónde iba.

Sabía lo que necesitaba.

Sabía lo que iba a sentir.

Y sabía lo que me iba a encontrar.

Ya no me sentía tan sola como en el primer viaje, y desde luego, cada vez me veía menos como esa “princesita” que dos años antes había viajado con “Indiana Jones” a conocer Guinea Ecuatorial.

Había un compromiso y un sacrificio conjunto que iba más allá de la profesionalidad o del disfrute.

Y sabía que en realidad no iba sólo como “coordinadora”, iba como “madre” de 14 personas que de la noche a la mañana pasaban a depender de mí, tanto para salir de fiesta como para afrontar un buen susto. Personas que tenían dudas, miedos, curiosidad, emoción, nervios, ilusión… y las proyectaban en nosotros!!

La selección de voluntarios siguió el mismo esquema que el año anterior, y los trámites fueron los mismos (incluida la obtención de visados que, como no podía ser de otra forma, volvió a costarnos sudor y lágrimas. Aunque eso sí, consiguiendo nuestro objetivo con un par de días de antelación para alivio de todos). Lo que no fue ni parecida fue la jornada de formación.

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Flor, siempre tan profesional, nos había ido observando y conociendo a Jaime y a mí durante todos esos meses. Había visto los éxitos y los errores cometidos, había escuchado anécdotas, y se había tomado su tiempo en plantear nuevos retos para la formación. Estaba dispuesta a llevarnos mucho más allá en la profundización de objetivos y roles.

Así que se estudió los perfiles de cada voluntario, preparó dinámicas para todo el fin de semana y una vez más, consiguió sacar lo mejor de nosotros mismos. Nos hizo poner a prueba nuestra capacidad de decisión, comunicación, trabajo en equipo, confianza, etc… Valorando después de cada una de las actividades cómo habíamos funcionado para poder aprender de errores y enfrentar mejor las siguientes.

Descubrimos cosas interesantes que nos hicieron reflexionar, y ciertas actitudes en alguno de los voluntarios y en el grupo en general, que después se repetirían en Guinea.

También nos hizo sentir y demostrar que pese a la nueva y profunda amistad que Jaime y yo habíamos ido cultivando durante todo ese año, esta vez teníamos prioridades distintas. Ya no pensábamos tanto en la complicidad o lo divertido. Ya no éramos nosotros dos + los voluntarios. Éramos nosotros dos PARA y CON los voluntarios.

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Y desde luego, no me permitió esconder mi timidez detrás de su hiperactividad y gusto por hablar en público. Me empujó a asumir mi rol desde el principio, a enfrentar miedos e inseguridades personales y a dejar claras cosas que ni yo me había creído hasta ese momento.

Escuchamos consejos de los voluntarios del primer año, vivimos momentos MUY graciosos, momentos de tensión, nos planteamos dos objetivos personales que cumplir cada día, descubrimos palabras que luego nos definirían como grupo… Fue un fin de semana único, intenso y desde luego, muy productivo!!

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Y las semanas posteriores a la formación… pues os podéis imaginar; el chat que creamos en whatsapp empezó a echar humo mientras en el grupo de facebook las canciones motivadoras se sucedían y empezaba una cuenta atrás de los días a la que todos, incluida Flor, nos sumamos.

Y con esa cuenta atrás… os dejo hasta el siguiente capítulo. 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4…

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