Capítulo 4 – IT’S OVER

“It’s over” es la expresión que se utiliza en inglés para decir que algo se acabó, ya pasó… que se terminó. Y no se si es porque ahora que estoy retomando el inglés me sale más fácilmente decirlo así, o es que la expresión suena menos dura… Pero me gusta más para contar lo que quiero contar.

Cuando una relación deja de funcionar (y no hablo sólo de parejas, sino de cualquier tipo de relación) cada uno reacciona a su manera. Hay quienes desaparecen y cortan todo tipo de comunicación con la otra persona y hay quienes insisten hasta desgastar lo poco bueno que quedaba. O quienes insisten y se salen con la suya retomando algo que muy posiblemente acabe en reproches poco tiempo después… Los hay que asumen el final y después de sufrir lo justo y necesario continúan con su vida de una manera sana y siendo capaces de quedarse solo con lo bueno y conservar una relación “cordial” o “cómoda” con la otra parte. Y los que por el contrario son superados por la tristeza y se sumergen en los recuerdos y lo que ya no volverá. Algunos creen que lo mejor es pasar página enseguida y conocer a cuánta más gente mejor, y otros piensan que deben permitirse un tiempo de transición hasta dejar paso al siguiente.  Hay incluso quienes acaban salpicando con sus problemas a amigos comunes que dejan de ver a una de las dos partes por el bien de todos. Y los hay que se obsesionan y se quedan estancados en historias pasadas sin ver lo que tienen delante, o los que meten esas historias en una mochila que les acompaña eternamente saliendo a relucir cuando menos se lo esperan o frenándoles por el peso acumulado.

Pero cuando todo eso pasa, Y PASA, la sensación que sentimos es de alivio. No digo tristeza… ni alegría. Hablo de alivio. De una tranquilidad que hasta ese momento no te acompañaba, y cuya ausencia había llenado tus días de una locura que sólo aquellos que han estado en el mismo lugar entienden y de un vacío provocado por la falta de sueño, hambre, ganas de hacer cosas, de conocer gente e incluso de perspectiva.  Hablo de soltar ese peso que te impedía seguir andando. Hablo de ese momento en el que sientes que el aire vuelve a entrar en tus pulmones, recuperas la energía, la claridad y hasta te sientes más ligero.

No sé qué es lo que hace que lleguemos a ese punto. Algunos dicen que el tiempo lo cura todo mientras otros se preguntan cuánto es el tiempo necesario. Hay personas que creen que hay que estar distraído, ocupar cada momento del día para no pensar. O quiénes aconsejan no escuchar música porque cada canción la van a relacionar con su historia, aunque en realidad no tenga nada que ver… (y hay taaaantas que nos autoaplicamos!!). Cada uno tiene su manera y su ritmo.

Pero lo importante es que llega un día en que vuelves a hablar con esa persona, o te la encuentras en la puerta de la oficina porque va a hacer una entrevista en tu empresa u os encontráis en la fiesta de un amigo común que no sabíais que teníais… y cuando ese momento acaba, te das cuenta de que eres capaz de decir IT’S OVER. Se acabó! Ya no sufro, no hay nervios, no me han temblado las manos, ni se me ha puesto un nudo en el estómago, se me han llenado los ojos de lágrimas, o se me ha puesto la boca como un corcho. Ya no! Simplemente estáis ahí y te das cuenta de que siempre formará parte de tu vida por lo que fue, y por lo que eres a raíz de esa relación… Y te alegras porque pasó.  Lo recuerdas y disfrutas!!!

Porque se acabó… IT’S OVER!

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Capítulo 3 – Tú a Boston y yo a California

O lo que es lo mismo… “Relación a distancia”

¿Funcionan?

Me atrevería a decir que un alto porcentaje de personas respondería sin dudarlo que NO! Cuántas veces te ha pasado que al volver de un erasmus, por ejemplo, una pareja que ha nacido estando allí entra en crisis pensando en lo que pasará al volver? O una amiga que llora desconsolada porque su novio se va a trabajar fuera? O esas parejas que discuten sin parar porque al no vivir juntos no soportan no conocer en detalle lo que hace el otro, o lo que es peor… con quien! O que al tener horarios distintos no hablan o se escriben tanto como les gustaría y pasan a pensar que el otro está haciendo su vida y no teniéndole en cuenta? Seguro que se os ocurren un montón de ejemplos… Pero a pesar de parecer ilusa, idealista o romanticona (cosa que en realidad no me considero en absoluto) creo que las relaciones  no dependen de los km que separen a cada una de las partes. Suponen una dificultad claro, pero las hay en todo lo que merece la pena, no?

He visto a mi alrededor muchas parejas que salían y salen adelante a pesar de vivir “temporalmente” separados. Las hay de todo tipo: las que empezaron viviendo juntos en otro país y al volver tuvieron que retomar cada uno la normalidad en su ciudad de origen, las que se ven obligadas a separarse por cuestiones familiares o de trabajo (lo más habitual) e incluso las que viven en un mismo país pero distintas ciudades porque alguna supone riesgos de salud.

Y todo eso supone tener horarios distintos que impiden poder hablar cuando más lo necesitas o te apetece, no conocer a las personas de las que el otro nos habla o el lugar donde vive, tener la sensación de que te pierdes cosas o se las pierde el otro, no compartir planes, no tener contacto físico, tiempo y dinero que invertimos en reencuentros, no conocer los detalles de lo cotidiano, echar de menos y vivir de recuerdos, inseguridades (celos, falta de confianza), sufrir con cada despedida…

Pero… Qué es en realidad la distancia???

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Yo creo que es sólo otro tipo de prueba y se puede interpretar y vivir como cada uno quiera. Hay veces que somos nosotros quiénes la creamos o la hacemos mayor de lo que es, incluso cuando no hay km de por medio… Puedes tener a quién quieres al lado, verle todos los días y no saber hacer que la relación funcione. O puede haber funcionado y de repente empezar a separarte poco a poco por la frecuencia de las discusiones o por cambios en la vida de cada uno, personas nuevas que aparecen, ritmos distintos o simplemente porque no conocías tanto a la otra persona como creías. De hecho, hay una frase que dice que “la peor forma de echar de menos a alguien es tenerle sentado al lado y saber que nunca le tendrás”. Así que… cuál es en realidad la distancia que dificulta? La separación física? O la que creamos en nuestra cabeza y convertimos en arma para boicotear nuestra propia relación?

Debo tener el día optimista pero yo creo que SI SE QUIERE, SE PUEDE! Es cuestión de tener claro lo que queremos, compartir un plan de futuro, ser creativos para suplir las carencias, tener paciencia y confiar… =)

Capítulo 2 – Ser o no ser (la otra), esa es la cuestión

Dicen que la vida no es complicada, sino que nosotros la complicamos… y en cuestiones de amor, qué verdad es esa!!!

Empujadas por las películas de Disney, ideas convencionales sobre la pareja o nuestra propia imaginación, nos pasamos la vida esperando al “príncipe azul”. Ese hombre que supuestamente es el perfecto para cada una de nosotras, hecho a nuestra medida. Pero a veces, y sin que sea premeditado, resulta que ese hombre ya había encontrado a otra princesa… Menudo problemón!!! Aquí entran en discusión tantas alternativas… encabezadas por el dilema moral de si lo mejor es quitarse del medio o luchar por la persona a la que quieres. Pero ya cuando el príncipe te sigue el juego… para qué queremos más!

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Podemos oír desde el famoso “la culpa es suya que es quién tenía el compromiso” hasta un “si se lo ha hecho a ella, porqué no me lo va a hacer a mí?” pasando por “si se ha fijado en otra es que con ella ya no funcionaba”. Sí sí, lo que sea… pero al final sigues siendo LA OTRA. Y oye, no lo juzgo… a cualquiera le puede pasar y tengo 3 ejemplos conocidos con finales distintos para demostrarlo.

Está quién descubre poco a poco que está enamorada de un hombre con pareja y se deja llevar, tonteando con él cuando tiene la ocasión por el simple placer del coqueteo. Hasta que un día él anuncia que va a dejar a su chica actual por estar contigo, que le gustas mucho más y le haces todo lo feliz que ya no era con ella. SORPRESA! La jugada te ha salido de lujo sin habértelo siquiera planteado. Ganas al chico de tus sueños, que aunque viene con una mochila llena de problemas derivados de su ruptura, hace que tu vida y tu forma de plantearte las relaciones tome un nuevo rumbo lleno de retos, madurez, compromiso, caprichos, nuevos hobbies compartidos… FELICIDAD. Al final LA OTRA ha pasado a ganar la partida y ser la número 1.

Luego hay quién se enamora sin saber que el chico tiene novia… y cuando lo descubre es demasiado tarde. Pillada hasta las trancas. Aquí la lucha interna no tiene rival… “me olvido” “pero le quiero” “si, pero yo no voy a ser quién se meta en medio de algo que ya existía” “para qué me quiere si ya la tiene a ella?” “da igual, lo acepto porque estar con él me compensa todo”… Y acaba accediendo a una situación con la que nunca había contado. Conscientemente eres LA OTRA, y lo vas a seguir siendo porque no tienes fuerza para soltar esa historia así que esperas a que sea él quién te mande a paseo, la mande a paseo a ella o un huracán se meta entre medias y os mande a cada uno a un país distinto donde no podáis volver a  veros.

Y también está quién se enamora primero, y la novia de él llega después. Ha “decidido” que otra le gusta más que tú, pero a ti no te suelta… así que juega. Un día tenéis lo que para cualquier otra persona podría llamarse cita mientras tú te emocionas pensando que lo que tienen ellos no es tan especial como lo que tiene contigo, y al día siguiente eres su amiga a quién le cuenta sus problemas y dudas con la novia OFICIAL. Ahora, tú no tienes permiso para hablar de otros. Y ya cuando pasa a compararos… Sin palabras. Pero lo más triste es que nunca llegáis a tener nada real porque está ella. Así que en este caso eres LA OTRA ficticia. Portazo, sin más. El autoengaño no lleva a ninguna parte. Aquí mucha gente te dirá “ya se dará cuenta de lo que tenía cuando vea que te pierde”, pero realmente te vas a quedar esperando?

Así que… SI, NOS COMPLICAMOS! Con lo fácil que es ser uno mismo, pasárselo bien, crecer conociendo a gente… y cuando tenga que llegar alguien con quién compartir tu vida, que llegue! Para qué buscar? Para qué las prisas? Las competiciones con OTRAS? No merece la pena…  Textualmente, no vale “la pena”, el sufrimiento que nos causan estas luchas con nosotras mismas, con situaciones que no dependen de nosotras… O de ellos si le damos la vuelta, que no soy feminista! No perdamos el tiempo, como dice una GRAN amiga mía “cuando dejes de esperar, aparecerá”!